A mi dulce estrella negra

Tantas veces me pregunté por lo que viste, por lo último que elegiste llevarte. ¿Fue dolor? ¿Fue una estrella? ¿Fue ella? Te escogí caminando. Lleno de ti, exhiliándote. La muerte ya era desde tu partida, toda ella tu resolución. Incomprensible ahora se vuelve un tanto tu imagen cuando me abordan tantos "por qué". Entre tu y yo no existía otra cosa que un espacio velado, una senda estropeada... A lo lejos te veía tragar el tiempo como quien secamente pasa saliva a falta de agua... Siempre fuiste ajeno a estas calles, a este sol e incluso a esta sombra. Tu correr era en el silencio, en donde no había siquiera claro de luna que dibujara esas siluetas. Eras en lo indistinto de una noche tercamente presente. Y yo acá, escondida y mirándote.

Pero todo cambió entonces, cuando te enfrentaste a ella para de una vez por todas atrapar el tiempo. Tu oscuridad se volvió a la nada mientras la claridad de estos ojos se tornaba hacia el ocaso. Escapaste. Ríes ya libre. Sin embargo, aún después de tu partida, la noche venció encontrando otro forastero. Tu olvido ha devenido en lo que ahora es mi memoria.

...Por lo que queda de ti en mi, por llevarme contigo en esta oscuridad pequeño Yp

J.C.C.A. (1978-2002)
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Cuadro: "Poblada Soledad" de Alberto Pancorbo

12:00pm

Me tendí sobre la cama. Cerré los ojos. Mi cuerpo a un compás. Ojos brillosos. Tormentas en limpia. Un mismo pulso. El latido de algún otro corazón cercano a la pelvis. Dos temblores. Un pedazo blanco de tierra y espumajo. Un consuelo pobre a una pena atemporal y sin embargo pasajera. Una figuración. Una asociación por semejanza. Una inyección de símbolo, una de exégesis. Espejismo ajeno, absoluto. Disociación de la diferencia. Quijote emergente. Velázquez multiplicado. Casta oscuridad, pegajosa y aborrecible... fascinante. Lanzada a lo lejos y permanente solo en tanto fragmento. Recorte. Fotografía. Reproducción. Abandono.

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(Lo que le sucede a uno entre delirios, sollozos y servilletas blancas)

Tensiones Políticas en la Paradoja del Flujo Migratorio: Estados Unidos-México

Los estragos que el capitalismo tardío ha traído consigo hemos de verlos ya filtrados hasta en los acontecimientos sociales que, como frontera, nos resultan más cercanos. Tal es el caso del aumento en el flujo migratorio mexicano a Estados Unidos a lo largo de los años y la resistencia de este país ante semejante acontecimiento en que, por medio de una serie de políticas, algunas menos diplomáticas que otras, responden a la urgente necesidad, tanto política como social, de trabajar en la reconstrucción de una identidad. Viéndose así, inevitablemente envueltos en la paradoja del impulso de un mercado global incluyente y la exclusión por un evidente señalamiento de sus límites.

De ahí pues, que prosigamos aquí no sólo con el desarrollo de esta paradoja sino también con el de las dilucidaciones del trasfondo que subyace a esta serie de fenómenos tan actuales. Debemos pues retomar de Jameson la aclaración del término posindustrial explicado como el de capitalismo tardío, multinacional o de consumo ya que se caracteriza por constituirse en una expansión del capital hacia aquellas áreas que previamente no habían sido convertidas en mercancías; una colonización que, para este autor, gira en torno a una nueva forma de apropiación de la naturaleza y del inconciente manifestados en la sustitución de la agricultura tercermundista por la de la Revolución Verde
[1], el auge de la industria de los medios masivos de comunicación y la propaganda comercial. Convirtiéndose así, éste, en el modo más puro de capitalismo.

También nos es importante mencionar la distinción que hace este autor entre los términos posmodernismo como estilo y a la posmodernidad como situación cultural. A diferencia de él, Eagleton nombrará como posmodernidad a un periodo histórico específico, mientras que hablará de posmodernismo al referirse a una forma de cultura contemporánea. Así pues, retomamos la concepción de Jameson del capitalismo tardío como posmodernidad insertándolo en la expresión de Eagleton de posmodernismo, con afán de subrayar su tendencia a manifestarse culturalmente.

En Las Ilusiones del Posmodernismo Eagleton enuncia que:

“El posmodernismo es un estilo de cultura que refleja algo de este cambio de época
[2], en un arte sin profundidad, descentrado, sin fundamentos, autorreflexivo, juguetón, pluralista, que rompe las fronteras entre cultura alta y popular, tanto como entre el arte y la experiencia cotidiana” (Eagleton, 1997: 12)

Así, debemos considerar dentro de esta nueva forma de cultura no sólo esa tendencia homogenizante del sistema sino también la consecuente problematización del elemento identidad que, aunque no mencionado literalmente en este fragmento si es señalado por el autor en otra de sus obras: La Idea de Cultura. Siendo en esta última que establece, entre otras tantas especificaciones que adjunta al concepto, a la cultura como signo, imagen, significado, valor, identidad y solidaridad
[3].

Lo que sucede en esta fase del capitalismo es una tendencia totalitaria y abarcadora del intercambio por apropiarse de mercados cada vez más amplios. Ya Marcuse alguna vez lo habría señalado con la unidimensionalidad de la sociedad y la falta de crítica u oposición al respecto. Baudrillard en El Paroxista Indiferente también lo implicaría a su modo al distinguir entre mundialización y universalidad, entre la circulación de la actividad comercial que unifica y borra toda diferencia y la defensa de los valores, las libertades y la cultura. Mientras la primera parecía ya un estado irremediable actual, la segunda agonizaba en sus términos modernos. Esto es, en la concepción de los valores, la libertad y la cultura como absolutos y superaciones de cualquier otro sistema valorativo. Así pues, y en forma similar, puede entenderse cuando Eagleton habla de la vuelta de la Cultura sobre su eje en los 60´s. Afirma que tradicionalmente la Cultura funcionaba como una manera de sumergir nuestros particularismos en nociones generales y englobantes, un tipo de subjetividad universal en que se implicaban los valores compartidos como mera virtud a nuestra naturaleza humana. De ahí que las artes (con su asociación como tarea trascendente) facilitaran la producción y transferencia de estos valores. Pero es desde 1960 y con la llegada de esta nueva época de los márgenes y la diferencia que la Cultura se vuelve cultura, es decir, comienza a significar totalmente lo contrario. Ahora la cultura y, con ella el arte, se vuelve de la producción a la reproducción al modo de Jameson, se mundializa al desaparecer su universalidad en Baudrillard y en Eagleton representa la afirmación de identidades muy específicas (nacionales, sexuales, étnicas, regionales) en vez ya de su superación. “Como todas esas identidades se consideran a sí mismas reprimidas, lo que en un tiempo se concibió como un ámbito de consenso ahora se ve transformado en un campo de batalla”. (Eagleton, 2000: 64).

Las diferencias y particularidades, en esa ansia generada por el vacío que dejó la pérdida de la universalidad, luchan entre sí por legitimar su sistema de valores y al mismo tiempo refundamentarse por una identidad necesaria que aún yace ambigua. Tanto la Cultura como la identidad, bien lo plantea Eagleton, han funcionado como legitimación del poder. Así, acercándonos a lo que propiamente nos corresponde aquí, la descripción del proceso de Cultura en cultura lo atribuimos aquí, para trabajar con él, específicamente a un aspecto de ésta: a la identidad. Lo que antiguamente solía considerarse como la identidad propia del género humano, hoy en día ha venido a multiplicarse en una serie de pequeños grupos en búsqueda de identidades propias conquistadas por su enfrentamiento con los otros y su autentificación propia. Sin embargo, en la actualidad, esa reintegración que, aunque falsa, dotaba de orden y calma ha venido a desdibujarse ante la estandarización. Así y lejos de las concepciones sobre arte tratada por estos autores, encontramos una situación muy concreta en esta compleja problemática.

Contemplamos como proceso análogo a la crisis cultural la de una identidad confusa en Estados Unidos, como representante indiscutible del capitalismo industrial, ante al flujo de inmigrantes en su país. Esto, como resultado de su tendencia fracturada y homogenizada en que ya no existe la unidad de los metarelatos modernos pero sí la ansiedad causada por presenciar, en su propia multiplicidad, su elemento más débil. Solo es que, en el caso que nos compete, la afirmación de Eagleton sobre el hecho de que las pequeñas identidades se consideren a sí mismas reprimidas, tal vez vaya muy lejos. Nos es pertinente reconocer esta dinámica con mayor fuerza en una de las partes: la que se concibe como más vulnerable y transgredida ante la diferencia, es decir, Estados Unidos. Así el problema no se enfrenta con el mismo impulso de ambas partes. No es que exista si quiera trasgresión alguna. El flujo migratorio tan frecuente en los últimos años y tan visible en la frontera, ha sabido instalarse, a pesar de los intentos en su contra, muy dentro de la dinámica estadounidense. Bastaba ver cualquier noticiero en aquel país sobre las marchas realizadas el pasado 1ro de mayo frente a la propuesta de ley HR4437 para percatarnos no sólo de la representación en número del factor inmigrante sino también del desvanecimiento de los límites entre periferia y centro. Ahora son los márgenes quienes, como parte funcional del sistema, se integran a él exigiendo su lugar propio. Y, aunque en el posmodernismo y en esta lógica capitalista se exalten todas las diferencias y se intente encontrar salida a estas dicotomías, la relación se impone cuando con protestas jurídicas semejantes se trata, en un intento desesperado, de dar fundamento a una identidad nacional debilitada por su propio pluralismo.

“La lógica del mercado es de placer y pluralidad, de lo efímero y lo discontinuo, de cierta gran cadena de deseo descentrada de la que los individuos parecen meros efectos fugaces. Aunque para mantener esta anarquía potencial controlada se requiera de fuertes fundamentos de un firme marco político.” (Eagleton, 1996, 194) Esto es, el hecho de que se requiere una fuerte insistencia en los valores tradicionales. Así, encontramos la insistencia estadounidense en la delimitación y protección paranoica de su territorio manifestado actualmente, solo por mencionar algunos casos, en la construcción de muros a lo largo de la frontera, el envío de soldados de la Guardia Nacional a la protección de los mismos, la revisión secundaria “al azar” que en los aeropuertos americanos suele coincidir con alta frecuencia a pasajeros extranjeros como mexicanos, colombianos, iraquíes o cualquier otro cuyo país de origen pudiera resultar “sospechoso”. Existe pues también un reforzamiento de la dignidad nacional por el patriotismo y la divulgación de ideas y pequeños acontecimientos que lo sostienen como el ser la cede mundial de las Naciones Unidas o auto-asignarse la tarea heróica y ventajosa de proponerse como “el guardián del orden mundial”.

La necesidad política de reprimir, que guarda Estados Unidos frente al proceso migratorio, le garantiza pues un camino más cercano a la constitución de un país con una identidad firme, a pesar de motivos tan grotescos como estos. Lo que a su vez es ya, el fortalecimiento del control social por la cohesión ideológica. La paradoja entonces no deja de subsistir ante el ofrecimiento de una lógica consumista del derrocamiento de las diferencias y la conservación propia por la delimitación de esa misma distancia. El capitalismo estadounidense, a pesar de ser tardío, arrastra todavía consigo los preceptos de orden y progreso modernos que lo obligan a controlar el surgimiento de fenómenos migratorios, entre tantos otros, a favor de fomentar en sus ciudadanos el sentimiento de seguridad y estabilidad. Siendo estas falsas asociaciones entre el control, el orden y la seguridad los que permiten a su sociedad cierto estado tranquilizador en que no se tolera la llegada de indocumentados pero sí la guerra.

Sin embargo y, a pesar de esto, el flujo de inmigrantes a Estados Unidos con o sin papeles sigue sucediendo como consecuencia del mismo sistema, tan fervientemente impulsado, globalizado y orientado al consumo. Y, como ya se vería alguna vez, a pesar de las reformas elaboradas al proceso de migración como en el caso de 1986 con IRCA (Immigration Reform and Control Act) o ahora en el 2006 con el HR4437, es muy poco probable contener el flujo migratorio debido a que es ya una parte inherente del sistema capitalista, aún cuando éste parezca alejarlo políticamente pero continúe evocándolo económicamente. Curioso es, pues, que estos dos proyectos de reformas políticas coincidan en sus fines. Pareciera que la reforma del HR4437 retomara el objetivo del IRCA, que era:

“…la legalización de la población extranjera que se encontraba indocumentada hasta 1982. También proveía bajo ciertas condiciones, la legalización de un tipo especial de trabajador temporal para la agricultura, denominado Special Agricultural Worker (SAW). Además, para asegurar el cumplimiento de la ley, se propuso un reglamento con sanciones para aquellos empleadores que contrataran indocumentados, así como un presupuesto especial a la Patrulla Fronteriza para intensificar las labores de detención de inmigrantes no documentados en la frontera.” (Verduzco, 8);

Aunque esta reforma (IRCA) se llevara a cabo hasta 1987, sus resultados no coincidieron tan bien con lo esperado. Lo cual, probablemente, podría convertirse en nuestro caso frente al proyecto actual. Para 1991, de los tres millones de personas que habían solicitado ciudadanía, sólo se habían aceptado 1.8 millones. En cuanto a las sanciones a los contratantes de ilegales, la aplicación no fue muy exitosa en tanto que estos evadían las consecuencias legales por la utilización de servicios contratistas. En tanto que ahora se exigían los papeles, la labor de la falsificación de estos no se dio abasto. Y, en tanto que se presentaban “facilidades” para la legalización, la población mexicana indocumentada que acostumbraba trabajar en Estados Unidos por algunos meses, decidió aprovecharse de las ventajas jurídicas para permanecer de manera definitiva en el país. Así que, paradójicamente, lo que intentaba ser una solución siguió siendo un problema, tal vez ahora aún mayor.

Este pues, podría ser el panorama no muy lejano de una repetición de la historia. Las políticas de inclusión por el consumo frente al contrasentido de reformas migratorias que sugieran el destierro de quienes ya constituyen un papel activo en la economía estadounidense, y no sólo en este sector como consumidores y productores sino también en otros roles claros de ejemplificar en los que la intervención latina resulta muy conveniente para las diligencias de aquél país como en el caso del llamado a la guerra a través del reclutamiento, no representan otra cosa que un despliegue en los intereses. Esta doble faceta es sujeta a una racionalidad subjetiva y es justificada solo por intencionalidades que responden siempre al beneficio de un determinado statu quo, constituido tanto por un nacionalismo ideológico que fortalece la cohesión social a través de la exclusión como por el aprovechamiento de los beneficios que la carne de cañón y el ejercicio laboral mal pagado ( y con esto me refiero a una retribución mucho menor de la establecida por el salario mínimo)traen consigo.

Sin embargo, más allá que encerrar esta problemática en la particularidad de Estados Unidos y México por el fenómeno migratorio, debemos contemplar dicho acontecer como sólo una pequeña representación que ejemplifica la contradicción de un suceso que trasciende cualquier regionalismo. Como lo dice Jameson en Posmodernidad y Globalización:

No se trata de que Estados Unidos como nación sea ahora de algún modo la única nación […] los estadounidenses se erigen como dirección de todo el imperio […] Estados Unidos está en el centro de todo el asunto pero no se trata de Estados Unidos en sí mismo, sino, poniéndolo en otros términos, del capitalismo” (Jameson, 2).


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[1] Entendiendo por Revolución Verde al incremento de la producción agrícola (surgido en México alrededor de los 40´s) por el empleo de nuevas técnicas en torno a la selección genética y la explotación intensiva permitida por el regadío y la utilización de fertilizantes y pesticidas. Los resultados de dichos procedimientos encontraron sus frutos en el aumento exagerado de la producción pasando, por mencionar un ejemplo, aquí en México de una obtención de trigo de 750kg por hectárea en 1950 a 3,200kg en 1970 en la misma superficie.
[2] Con “este cambio de época” Eagleton se refiere a la posmodernidad en su estilo reflexivo desconfiado de las nociones clásicas y los grandes metarelatos en su afán definitivo y absoluto de explicación.
[3] (Eagleton, 2000: 65) Es necesario distinguir aquí que Eagleton se refiere a cultura y no a Cultura, aún cuando la diferencia parezca mínima por alguna mayúscula a primera vista se encuentra implícita una distancia mucho más grande que esa para el autor, que se explicará más adelante.
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FUENTES CONSULTADAS:
Eagleton, Terry (2000). La Idea de Cultura. Una Mirada Política sobre los Conflictos Culturales. Paidós, Buenos Aires.

Eagleton, Terry (1997). Las Ilusiones del Pomsodernismo. Paidós, Buenos Aires.
Berman, Anderson, Habermas, y otros (1989) El Debate Modernidad-Posmodernidad. Puntosur, Buenos Aires.
Jameson, Fredric (1991). El Posmodernismo como Lógica Cultural del Capitalismo Tardío. Letra E, Buenos Aires.
Jameson, Fredric (1991) Marxismo y Posmodernidad. Letra E, Buenos Aires.
Jameson, Fredric. Posmodernidad y Globalización. Fecha de Consulta: 05/29/2006. http://tijuana-artes.blogspot.com/2005/03/posmodernidad-y-globalizacion.html
Anderson, Perry (1998) Los Orígenes de la Posmodernidad. Anagrama, Barcelona.
Baudrillard, Jean (1997). El Paroxista Indiferente. Anagrama, Barcelona.
Verduzco, Gustavo. La Migración Mexicana a Estados Unidos. Estructuración de una Selectividad Histórica. Colegio de México. Fecha de Consulta: 05/29/2006. http://www.conapo.gob.mx/publicaciones/migra3/01.pdf
Justice for Immigrants. Fecha de Consulta: 05/29/2006. http://www.justiceforimmigrants.org/HR4437.html