"El pueblo callado, jamás será escuchado"

Contradicciones

Un hueco de libertad

Lo marginal, señalándose a sí mismo como lo excluido por la búsqueda de sendas dirigidas a la libertad en caminos previamente trazados, se anula... deja de constituir lo otro para manifestarse en el espacio, bien delimitado, que el discurso democrático ha optado por asignarle. Intentando huir del estado de cosas termina por sostenerlo en su manifestación imitativa de lo entendido por libertad. Sigue lejos de la apropiación de lo auténtico por la ausencia del carácter verdaderamente crítico. Sigue intentando salir por la puerta a la que el sistema lo invita a salir y ni siquiera sospecha de eso. Se nos ha engañado y, peor aún, ni lo hemos notado.
[Fue genial esta idea de Adorno con la crítica a las formas del jazz y de Marcuse con la crítica a la tolerancia represiva.]
Oaxaca sin embargo, se ha lanzado contra el muro que dibujaba y sostenía aquella puerta. Ha hecho evidente la represión que tan tenazmente se cuidaba y ha tronado la careta en que las noticias "buenas" también eran noticias. La PFP, Fox, Alcocer, Ulises Ruíz, los diputados del congreso en agarrones de mercado, el gobierno y otros muchos más, devienen en la desfachatez del uso de una fuerza absurda y desesperada: el sometimiento a trancazos. Una vez perdido el velo que vendía los organismos y técnicas de castigo empleados a cualquier levantamiento, la única fuerza para el sistema reside ya en la viñeta de armas en posesión federal y la estupidez de quienes sostienen el gatillo.
Un extraño placer se esconde en desgastar las cosas. Estrellándolas hasta hacerlas nacer en su desprendimiento, las acercamos poco a poco a su muerte. Es el goce de la extorsión un raro sadismo, una mirada que, tallándolas, acaba su forma desnudando la vida que hay en ellas.





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"El Rostro del Hombre" de Guayasamín

Jarras vacías

La metáfora de Heidegger sobre el vacío de la jarra como representación de la cosidad de la cosa, es decir, del carácter esenciante de ésta supone un señalamiento que, por su agudeza, traspasa a la cosa misma. El vacío delineado como el espacio que coliga lo divino y lo mundano, el cielo y la tierra, a través del acoger y escanciar (otorgar) de la jarra por la bebida, en cuanto que la recibe y la contiene al mismo tiempo que la regala, implica un ejercicio posible no sólo por la palabra sino también por la muerte. En tanto que el hombre se constituye como un ser para la muerte, su existencia recibe y acoge de ésta su determinación. A la par, otorga la base para dicha determinación por medio de lo que ella (la existencia o él (el hombre) crea, esto es, la propia muerte. Su producción se vuelve hacia sí constituyéndolo. Es el juego de espejos tan bien nombrado por Heidegger en que se encuentran la eterna creación (lo humano) y su eterna ausencia (lo divino) en una relación ambivalente y, a la vez, esenciante. Es la producción en su carácter absurdo y funcional. Es el enfrentamiento a la nada que abandona su sentido trágico para embarcarse en el portal de lo sagrado y que sólo es posible por una concepción abierta del vacío. No es una esfera abrazadora de la nada que nos hunde en la desesperación, es una jarra vacía permisiva del tránsito: del llenado que seduce al espacio, penetrándolo y abandonándolo a sí nuevamente. Lo abierto es materializado por su dirección a, es la invitación que en Heidegger supone un camino entre los juegos de su Occidente dicotómico, pero que en realidad deviene en una multiplicidad de brechas olvidadas del camino.

Deformando a Heidegger y caminando los espacios omitidos en sus saltos encontramos entonces una dilucidación: la jarra como la cosa, la palabra y la muerte devienen en materializaciones (las dos primeras) y símbolos (las dos últimas) abarcadoras del vacío. Su sentido es la propia necesidad del no-sentido que haga posible sólo ese espacio que acoge... listo para verterse y desdoblarse a partir de sí.

Arrancada de sí

Me tropecé con un ala rota. La encontré en la calle entre grises y polvo. El rojo seco todavía delineaba su margen. Quise recogerla, quise sentarme a verla... pero la deje en su muerte... A horas de ella, a distancia de ella, la imagen todavía se escapaba de aquel momento para revelarse en este. Dibujándose y desdibujándose se tatuó en mí. Como esas olas de arena de aquél día en San Quintín, me raspó la piel. La aspereza de la imagen renaciendo una y otra vez en mi cabeza, en el suelo, devenía en una historia también rota, en un vuelo abruptamente mutilado. Era una caída segura. Era la condena a la tierra de un ave crecida en los cielos. Es la mirada en el abajo. Es la pequeñez de un ser que ahora debe escabullirse, no, que debe entregarse a este espacio caóticamente terroso e incontrolablemente creciente, que se ve multiplicado en cada esquina, en cada alto, en cada voz. Aquí hay voces! Aquí hay sombras! Aquí hay pedazos... como esa ala arrancada de sí, como esa ave que soporta su caída.
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Un ala real, encontrada en Insurgentes, Buena Vista.

Entre brechas


Brincando lejos de ese entonces corrí en todas y en ninguna dirección. A cada paso un nuevo suspiro, una nueva sonrisa, una lágrima menos. Rompiendo el viento, mi cuerpo devenía en otras formas, en otras sensibilidades. Se arriesgaba a sí. Se entregaba a sí... Volaba en su abandono...

Pero algo sucedió que congeló el paso. Una llamada, un detenerse, un comienzo de explicación, de narración de la huída que acontecía en aquel cielo. Se exigía la unidad ya perdida, se obligaba a la búsqueda de la misma. Volteando hacia uno y otro lado me reconocí en aquel y aquel y aquel otro camino, en lo irremediable de esa múltiple estancia que, botada por la inocencia, descubría el goce de su deformación. Incapacidad para recobrar el sentido... razón, sin embargo, ya mediadora... deteniendo el vuelo, olvidándose de su huída.

En la otra y la otra y la otra me reconocía detenida, me reconocía lejos. Se volvió la mirada hacia los pies, hacia esta nueva tierra tan distinta a aquella... Y te oía llamarme... y entonces te miraba. No me movía aún, no me muevo, no regreso. Te veo. Te veo y de repente entiendo el motivo de este detenerse... Con una sonrisa abrazo tu correr hacia aquí para entregarnos de nuevo al vuelo
El sigiloso robo de todas y cada una de estas letras, de este aliento. Los puntos murmuran, se esconden entre las formaciones líricas de unos cuantos renglones que se tropiezan con su falta de unidad... silencios entre puntos, sonrisas momentáneas. Los dedos encuentran su juego en la composicion de mundos ajenos, en la producción de soles, de nubes lejanas, de cielos arrasados con el enter de la publicación, con la fuga del verter y del pasar a reinventarse en otro monitor, en otra imaginación. Penas pintadas de llanto, autocomplacientes... La evidencia de un hipocondriaco regalándose al absurdo

Y la carta dijo... Soberano!

De las uñas cuelgan ojos quebrados.

El soberano se volvió ante mi como el llamado de la ruina.
Entorpeciendo mis pasos, arrastrándome hacia la reapropiación, puso en mí sus ojos juguetones y me encantó.
Su estancia es fugaz, como probándome en el riesgo.
Su ausencia, sin embargo, es plena, es goce de ese apagar las voces que luego de su presencia se han acomodado en mute.

El sonido de hoy se ha vuelto distinto.

Entre hojas de cálculo


Insertada en una cuadrícula de excel...
con celdas marcadas pero no delineadas,
con sombras de trazos que saturan la hoja,
que la desdibujan aislándola de su espacio limpio,
...no sé que es más absurdo:
si ésto o pensarme por el artificio de un lugar virtual
ya de por sí racionalizado.


...Bien decía Adorno: "Ninguna razón justificadora puede redescubrirse a sí misma en una realidad cuyo orden y forma rechaza cualquier pretensión de razón”.

Un saltamonte desparasitado

Noticia:
Los científicos han encontrado que un gusano parásito (Spinochordodes tellinii) de los saltamontes introduce unas sustancias químicas en el anfitrión que provocan su muerte, no fisiológicamente sino voluntariamente (suicidio). Afirman que el gusano sabotea el sistema nervioso central del insecto consiguiendo así la manipulación del comportamiento del mismo y orillándolo a lanzarse al agua. Ahí, el parásito, tres o cuatros veces más largo que el saltamontes, abandona el cuerpo ahogado que le alimentó para completar su ciclo vital y reproducirse.
Se dice que el parásito encuentra al saltamontes cuando éste bebe en aguas infectadas por larvas de aquellos.
Reporte de último momento:
...Toda una pequeña saltamontes, anfitriona he sido de ese parásito que se hace llamar también filosofía y que ahora... sólo ríe dejándome botada aquí

(...)

¿Qué es lo que se fue? ¿Qué es lo que perpetua este berrinche?
- La ida de la idea de que teníamos algo