De nuevo sentada en esta sala. De nuevo frente al televisor. De nuevo ya tarde. Todo casi igual. Los libros en otro lugar pero ahí, al parecer, listos para mí. Me recordaste, los dejaste para mí… Faltan las piedras, falta el espejo, falta la vida. Una presencia ausente es esta casa. Pero parece que me hablas… con esos pasos, con esas puertas abiertas, con aquellas que rechinan, con esa cortina que se mueve sin nadie a su lado... me faltas aquí.
Desde las nubes
Raíces trazadas por arroyos en suelo. Nubes como sombras de montañas, pieles de elefante. Espacio ausente… infinito. Nada. Todo desde aquí. Palabras volando. Yo en vuelo, yo desde arriba y deviniendo en lo cortado. El ala ahora es otra: gruesa, dura, fría y esqueléticamente llena de espinas, inquebrable, inaccesible. Su única cercanía con aquella es ese gris, aquí sobado y elegido, como queriendo ser ella. Es grotesco, sin embargo. Su línea es coartada, es medida y también rota… Abajo, el azul seduce con su línea el piso que se exhibe en erosiones y erupciones de piedra… Yo? voyerista.
De la ventana me avocan turbina, ala, mar, tierra y cielo… la cuaternidad heideggeriana (si que me pegó) sin abstracciones, aparentemente imposible pero seguramente presenciado.
Una distancia cada vez más grande, sombras poco a poco más largas. Puntos… puntos. Camino al sol, no, abordamos un camino hacia la noche. El extremo del ala se alza desobedeciendo su trazo y, quebrada, hace evidente la fuga de su imperfección. El humo blanco que expide nos encamina reiteradamente abajo.
De la ventana me avocan turbina, ala, mar, tierra y cielo… la cuaternidad heideggeriana (si que me pegó) sin abstracciones, aparentemente imposible pero seguramente presenciado.
Una distancia cada vez más grande, sombras poco a poco más largas. Puntos… puntos. Camino al sol, no, abordamos un camino hacia la noche. El extremo del ala se alza desobedeciendo su trazo y, quebrada, hace evidente la fuga de su imperfección. El humo blanco que expide nos encamina reiteradamente abajo.
Clichés y tonterías
No me sirve tu fe, no me dice nada, ni siquiera me gusta. Renuncio a tus trazos. Renuncio a tus formas. Renuncio a tu academicismo, a ese valor de tu amor por él que te hace creer en la certeza que hoy amenaza con cortarme las manos, que quiere robármelas. "Clichés, clichés, clichés" chiclets! jaja. No. Estas palabras no dicen nada a quien no se dispone a escucharlas, a quien no le place escarbar en ellas. Ellas bailan y se mueven en pantanos que no terminan de hundirlas. Ellas son espacios abiertos no sentencias, son guías no verdades; son imaginación, nacimiento, contradicción... solo son, como tus palabras y como las mías, con lo que dicen y con lo que callan. Ahí reside su fascinación, ahí su erotismo... Lástima es que para podernos entender tenga que volverlas hacia lo aburrido.
(-_-)
Ese es un espacio que espera ser atrapado... como un estrobo que entrecorta el tiempo, que lo reparte en lapsos ausentes de unión. Eso tengo de ahí. Tengo pedazos, tengo familiaridad, tengo extrañeza.
Se me escapó la tarea de aquella conjunción y sigo yo.
Siguen esos sillones intactos, ese piso limpio, esa casa sola, esa su falta.
La última fotografía: una nostalgia ensimismada queriendo encontrar en el recuento y el momento compartido una voz eterna, una voz que hoy se exprime ya extinta.
...En 12 días
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