La muerte es resignificación.
Siempre ponemos altares a nuestros muertos, ya sea con pan y velas o con llamados líricos de nostalgia en sus figuras ya crecidas. Después de muertos, nuestra fotografía de ellos se vuelve hacia lo hermoso, hacia lo insuficiente de la descripción, hacia lo admirable y, al final, hacia lo más deseado. Su ausencia viene a prestarnos el lugar ideal para volver a construirlos. Una construcción mítica y sagrada como la del escultor que talla a los santos de las iglesias, sólo que, a diferencia de aquellos, los muertos habitan el santuario de nuestra memoria… esa hoja blanca que no terminamos de tallar con borrados, tachaduras y palabras encimadas.
El ensayo de nuestros pasos es la memoria.
El muerto va enterrado en la construcción que se entiende como escombro, esto es, nuestra propia mente, nuestro propio tiempo.
1 comentarios:
"Todo aquello que no es la muerte es una máscara" - Cioran
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