Junto libros como si con eso juntara verdades. Los organizo como ordenando el mundo. Para desmadres de identidad por este lado, para la construcción de enemigos imaginarios por este otro; para disertaciones por allá, para preguntas aquí… Psicología, política, filosofía, poesía y yo en medio, con Huidobro entre los pies, Heidegger en las manos y el zumbido de la chicharra (mi robo, mi pedazo de mundo) aún en la boca.
Las plumas atravesaron el suelo y, clavadas, se estancaron en él.
El control había devenido en absurdo, las grietas en vértigo, ellas en guía.
El cielo abandonó sus nubes y, vaciándose de golpe, se condenó al tedio de su transparencia.
La mirada se volvió a esa tierra que, caliente y seca, la tragaba entera.
Mientras... ella dejó de ser árbol, dejó de ser cactus... Y olvidando su cielo, impasible a sus raíces, delirante en voces, se enamoró de aquél... ese su espejismo
El control había devenido en absurdo, las grietas en vértigo, ellas en guía.
El cielo abandonó sus nubes y, vaciándose de golpe, se condenó al tedio de su transparencia.
La mirada se volvió a esa tierra que, caliente y seca, la tragaba entera.
Mientras... ella dejó de ser árbol, dejó de ser cactus... Y olvidando su cielo, impasible a sus raíces, delirante en voces, se enamoró de aquél... ese su espejismo
Al rastreador de las letras y los puntos
Me gusta tu crítica, el tono agresivo y juguetón con que atraviesas estas líneas. Hoy me río contigo, de ti y de mi juntos. Mi seriedad se vuelve la tuya cuando señalas este juego. Eres el ojo que hace fricción con el fluir de esta voz, es mas bien mi mirada puesta en la tuya la que hace eso. "Tumbaste el teatrito" (jeje) y eso es lo mejor en tanto que abre otro comienzo.
Por un momento me vuelvo ésta, tu caricatura, mientras vacilo entre las que yo misma me invento.
A veces fluyo, a veces no. Reconoces a otra en estas letras porque la que las escribe es otra y otra cada vez... Voyerista, exhibicionista, chapusera, académica, aburrida, meláncolica, ardida, vacía, resignificada... Todas y una bajo el mismo seudónimo, bajo la misma falta.
Las imágenes roban mi voz en distintos lenguajes. Cada vez que les place, me hacen suya. Mientras me dejo seducir por su espacio abierto, sonrío al instante sereno que traen consigo. Son el movimiento de este andar, que ahí sí no apela a ninguna apreciación estética, ni ajena ni propia.
En los momentos en que la escritura fluye, camina ensimismada, ha olvidado entonces aquella mirada que intentó perseguirla. No se trata pues, de la cotidianidad del lenguaje sino del instante del olvido.
Por un momento me vuelvo ésta, tu caricatura, mientras vacilo entre las que yo misma me invento.
A veces fluyo, a veces no. Reconoces a otra en estas letras porque la que las escribe es otra y otra cada vez... Voyerista, exhibicionista, chapusera, académica, aburrida, meláncolica, ardida, vacía, resignificada... Todas y una bajo el mismo seudónimo, bajo la misma falta.
Las imágenes roban mi voz en distintos lenguajes. Cada vez que les place, me hacen suya. Mientras me dejo seducir por su espacio abierto, sonrío al instante sereno que traen consigo. Son el movimiento de este andar, que ahí sí no apela a ninguna apreciación estética, ni ajena ni propia.
En los momentos en que la escritura fluye, camina ensimismada, ha olvidado entonces aquella mirada que intentó perseguirla. No se trata pues, de la cotidianidad del lenguaje sino del instante del olvido.
Repasamos las líneas. Revisamos el audio. Acordamos el tono. Pote escapa de la más blanca de las hojas para reproducirse en amo, en señalador de los espacios. Condenándolos al back-space, sella con letras la ventana abierta y pinta con formas, más extrañas que acordes, el contenido de aquel baldío en cuadro.
Mar oscuro. Noche eterna. Un paseo a la luna.
Y en eso se pierde... Y en eso se escapa.
Justo ahí muere. Justo ahí nace.
Sólo he llegado a sentirme mexicana frente a los caprichosos prejuicios de ese extranjero que pretendió volverse green-go. Con su ambigüedad identitaria le agradezco el que venga a envolverme en el juego nacionalista para regalarme un ratito de determinación, siempre acompañada de la mejor de las risas.
Gritando el deseo por el brillo que se acumulaba en sus ojos, sintió aquel temblor que la recorrió entera. Era un perderse en esas líneas que, detonando, rasgaban su pupila. Mientras los colores se abrían creyó verse en ellos. Persiguió olvidarlo. Persiguió olvidarse.
El claxon del auto de atrás la sorprendió desviándola del retrovisor al camino... devolviéndole el tiempo, obsequiándole el olvido.
El claxon del auto de atrás la sorprendió desviándola del retrovisor al camino... devolviéndole el tiempo, obsequiándole el olvido.
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