La soledad se vive desde casa. Qué sorpresa, qué absurdo, qué podrida satisfacción.
Ella, la ella de ellas. Ella, la ninfa guardada en bosque de ecos, en luces de voz y sombras de recuerdos, se acomoda en el hormigueo de mi vientre, abre la sonrisa y espera el golpe.