No entiendo
¿Por qué los niños giran y giran hasta sentirse mareados, cerrar los ojos y dejarse caer? ¿Por qué abrazar el vértigo tan lúdicamente los hace nacer en sonrisas? ¿Por qué ahora la caída es el tropiezo que se evita? ¿Por qué ese no poder cerrar los ojos en la entrega y el éxtasis de lo que se mueve? ¿Por qué aún cuando ellos me empujan, el cuerpo resiste? ¿Cuándo permitimos la sonrisa alada, la danza de los siete velos en azares de la seriedad del vértigo, el arrullo tejido entre la vida y la muerte, el cuerpo aletargado? ¿Por qué no tomar de la mano el miedo y girar, girar, girar, hasta que estalle de mi todos los infiernos y las nubes del cielo, hasta que me arroje ahí… desnuda, entera y purgada de dioses… no entendiendo, sin querer hacerlo… sólo mareada y deshaciendo el mundo… sólo en el suelo, provocada y riendo?
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